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		<title>Jardín de Avalon - Zona Artística</title>
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		<description>Para compartir y discutir nuestro trabajo creativo.</description>
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			<title>Jardín de Avalon - Zona Artística</title>
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			<title><![CDATA[FanficWalking on Water [Pokémon]]]></title>
			<link>https://jardindeavalon.net/forum/zona-artística-aa/literatura/706-walking-on-water-pokémon</link>
			<pubDate>Thu, 30 Jul 2026 16:51:04 GMT</pubDate>
			<description>Resumen: Nora Jones, una joven periodista, es enviada a Hormigón para investigar la creciente tensión social que mantiene en vilo a sus vecinos desde...</description>
			<content:encoded><![CDATA[Resumen: Nora Jones, una joven periodista, es enviada a Hormigón para investigar la creciente tensión social que mantiene en vilo a sus vecinos desde hace meses. Sin embargo, lo que parecía una simple historia de pandilleros pronto se convierte en una pregunta mucho más incómoda: ¿qué ocurre cuando una sociedad decide olvidar a una parte de sí misma?<br />
<br />
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—<span style="font-size:12px">Centro</span> de Control de Hormigón, aquí el mercante Asteria. Solicitamos autorización para entrar a puerto.   <br />
  —Asteria, autorización concedida. Diríjanse al muelle tres. El práctico les esperará en la bocana.<br />
   <br />
  Era otro ajetreado día en el Centro de Control Portuario de Hormigón. Barcos entraban y salían del puerto, pedían permiso constantemente antes de moverse, y el encargado de asegurarse de que todo fluyera como era debido estaba sentado al frente de la sala. Desde ahí veía con claridad los monitores que le devolvían las imágenes que grababan innumerables cámaras de seguridad, así como mapas de ruta que le indicaban la posición de todas las embarcaciones en tiempo real. A sus espaldas, el equipo que tenía al mando le pedía permiso para aceptar o rechazar las peticiones de los buques mercantes más grandes. Normalmente le bastaba a Manuel con un simple gesto de la mano para comunicarse, pues bastante atención debía prestar como para perderla pronunciando palabras innecesarias.<br />
   <br />
  —Centro de Control de Hormigón, aquí el Kanto Express. Solicitamos autorización para entrar a puerto.<br />
   <br />
  —Un momento, Kanto Express. Por favor, espere a que le demos permiso para entrar.<br />
   <br />
  Todo indicaba que iba a ser una jornada aburrida. Desde fuera, la cantidad de luces y sonidos de la sala le podría parecer abrumadora a cualquiera, pero para quienes llevaban tantos años trabajando ahí como Manuel, esto formaba parte de su normalidad. Su temple, seguridad y buen criterio conseguían que cualquiera que trabajara con él terminara confiando en sus órdenes sin atreverse a pensar en cuestionarlas.<br />
   <br />
  —Centro de Control de Hormigón. Aquí el Orion. Solicitamos autorización para atracar en el muelle siete.<br />
   <br />
  Aquella petición hizo que, durante un segundo, el sonido de los operarios tecleando informes en sus ordenadores se detuviera. Gabriela, su segunda al mando y una de las empleadas más capaces de la plantilla, se silenció el micrófono antes de bufar.<br />
   <br />
  —¿De qué va este? Eligiendo el muelle del puerto como si fuera suyo. Di que sí, hombre, que esto es a la carta. ¡Como en los restaurantes! No te jode.<br />
   <br />
  Un par de operarios rieron, pero no Manuel. El jefe de control portuario echó un breve vistazo al papel de su escritorio en el que ponía “El Orion. Conceder permiso para atracar donde quiera”. Lo escribió un par de días atrás, cuando el alcalde fue a visitarlo personalmente a casa. Su mujer le acogió, hizo la cena mientras los hombres tomaban vino en el salón y sus hijos jugaban con su persian. Estaba acostumbrado a recibir ese tipo de visitas.<br />
   <br />
  —Necesito que me hagas un favor.<br />
   <br />
  Y, últimamente, también a eso. A hacerle favores.<br />
   <br />
  —¿Jefe? Hola. Autorización para entrar en la mente de Manuel.<br />
   <br />
  Manuel volvió en sí cuando escuchó su nombre. Gabriela estaba sonriendo como hacía antes de denegar una entrada a un mercante que se pasaba de listo, a punto de volver a encender su micrófono y dar la negativa. Solo le faltaba la aprobación de su superior.<br />
   <br />
  —¿Le envío a freír espárragos?<br />
   <br />
  —No, Gabi. No.<br />
   <br />
  Al escuchar eso, Gabriela dirigió su mirada a él lentamente. Se dijo que sería una broma. Seguramente Manuel diría que a freír espárragos no, que a plantarlos, porque se encargaría de que ese descarado perdiera su puesto de trabajo. Sin embargo, su jefe se limitó a asentir.<br />
   <br />
  —Dale acceso.<br />
   <br />
  —¿Seguro?<br />
   <br />
  —Sí.<br />
   <br />
  —Pero, ese muelle… Ni siquiera sabemos qué tipo de mercancía-<br />
   <br />
  —Gabriela.<br />
   <br />
  La mujer se quedó mirándole un rato más, al igual que varios operarios curiosos. Cuando vio que no iba a cambiar de parecer se encogió de hombros y fijó la mirada en su monitor.<br />
   <br />
  —Muy bien. Usted manda.<br />
   <br />
  Manuel vio la entrada a puerto del Orion después de que Gabriela le diera permiso. Parecía otro buque mercante más, uno de los centenares que había ahí. Dio un sorbo de agua mientras su mente le recordaba, casi inevitablemente, la sonrisa blanca del alcalde aquella tarde que compartieron días atrás.<br />
   <br />
  —Dentro de unos días vendrá un buque mercante. Trae un montón de productos buenísimos para la ciudad, pero ya sabes cómo es la burocracia. A veces no da tiempo a declararlo todo, y es un fastidio, porque estamos privando a Hormigón de productos buenísimos para su economía por una tontería.<br />
   <br />
  En ese momento un torbellino de pelos rubios atravesó corriendo el salón por el que un persian intentaba a duras penas huir de los niños. El alcalde sonrió afectuosamente al verlos.<br />
   <br />
  —Qué niños más bonitos tenéis.<br />
   <br />
  —Sí. Han heredado la belleza de mi mujer.<br />
   <br />
  Los hombres rieron y el alcalde se recostó en el sillón. Desde ahí veía jugar a los niños, que habían salido al jardín a través de la cristalera que lo comunicaba con el salón.<br />
   <br />
  —Estoy seguro de que también son muy listos. Lo veo en cómo se las ingenian para arrinconar a tu pokémon. Es una lástima que a veces la inteligencia por sí sola no baste. Por muy bella que sea una flor, necesita de un buen entorno para florecer. No sé si me estoy explicando.<br />
   <br />
  —Me temo que no le sigo el hilo, señor.<br />
   <br />
  —Es muy fácil. Estoy seguro de que tus hijos llegarán lejos en la vida, sin embargo, lo harían incluso más si tuvieran acceso a una educación de calidad.<br />
   <br />
  En ese momento el alcalde se sacó, sin mirarlo, un sobre del bolsillo interno de su chaqueta y lo dejó en la mesita que separaba su sillón del sofá en el que Manuel estaba sentado. El jefe de control portuario sintió sudores fríos al verlo.<br />
   <br />
  —Puedo encargarme personalmente de que a tus hijos no les falte de nada para llegar a lo más alto, pero para ello necesito que dejes pasar ese buque y que atraque en el muelle que elija. Sé reconocer el esfuerzo de las personas que ayudan a que Hormigón prospere y estoy seguro de que estoy sentado al lado de una de ellas.<br />
   <br />
  Después de eso apareció su mujer anunciando que la cena estaba lista y Manuel cogió el sobre antes de que ella pudiera verlo. Desde entonces intentaba no pensar mucho en él, se decía que si el alcalde quería dejar pasar un mercante sería por una buena razón. Y parecía que todo estaba en orden, el buque se dirigía al muelle a una velocidad prudente y ya había personal esperando allí para ayudar con la descarga. Vislumbró entre ellos a Nicolás, su fiel amigo, y sonrió.<br />
   <br />
  —Qué bonitos son. ¿Cuántos años tienen ya?<br />
   <br />
  La voz de Gabriela, como no, le hizo volver de nuevo al presente. La mujer había dejado de prestar atención a su tarea para fijarse en la foto de sus hijos que tenía en el escritorio. Manuel no pudo evitar sonreír al verlos. Ambos compartían el mismo rostro redondo y el brillo azul en los ojos, no había duda de que eran gemelos. Lo único que los diferenciaba era el peinado: él lo llevaba corto y bien aseado; ella lo tenía recogido en dos voluminosas coletas. Ambos estaban sentados en el banco de su jardín y llevaban el uniforme de la escuela más prestigiosa de la ciudad. Se le infló el pecho de orgullo al verlos así, tan seguros y capaces a tan corta edad.<br />
   <br />
  —Dentro de nada harán seis. No hacen más que pedirme un pokémon para jugar con él.<br />
   <br />
  —Ja, ja, ja. ¿No les basta con tu viejo persian?<br />
   <br />
  —El pobre no les sigue el ritmo.<br />
   <br />
  —Normal. Si es que con esa sonrisa parecen unos angelitos, pero menudos bichos están hechos.<br />
   <br />
  —No lo sabes tú bien. A lo mejor sí debería conseguirles otro, pero para que le dejen en paz de una vez.<br />
   <br />
  Gabriela se echó a reír, pero esa risa se cortó en seco en cuanto la sala de control se llenó de luces rojas y una sirena ensordecedora. Enseguida volvió a su puesto y, con la precisión que le caracterizaba, la mujer proyectó en los paneles las imágenes del sitio desde donde les llegaba la alarma.<br />
   <br />
  —¡Atención! ¡Alerta roja! ¡Ha habido un problema con la mercancía del buque atracado en el…! ¿En el muelle siete?<br />
   <br />
  Manuel sintió que el estómago se le encogía al oír esa frase, al ver en las grandes pantallas como del Orion empezaba a salir un líquido negro y viscoso que al entrar en contacto con el mar generaba un humo de un color inquietante.<br />
   <br />
  —¡Centro de Control! ¡Habla el muelle siete! ¡Una de las grúas ha golpeado uno de los contenedores del buque Orion y ha provocado una grieta por la que se está filtrando el material! Parecía que lo podíamos controlar, pero-<br />
   <br />
  El sonido de una ligera explosión a las espaldas del operario que estaba llamando hizo que Manuel se levantara de la silla como un resorte. Gabriela le miró extrañada, pues le había visto responder ante emergencias similares y Manuel nunca, nunca abandonaba su puesto de trabajo. Así que ella también se levantó y le siguió, porque si él iba para allá el asunto debía ser muy grave.<br />
   <br />
  Y razón no le faltaba. Las cámaras no eran capaces de transmitir la tensión que había metros antes de llegar al lugar del accidente. Muchos trabajadores corrían de un lado a otro dando órdenes a quienes todavía no estaban tan nerviosos como para no escuchar, pero estas eran contradictorias e inútiles. Otros intentaban crear un cordón de seguridad, pero se apartaban en cuanto veían que Manuel se acercaba a ellos. El jefe del Centro de Control vio, estupefacto, cómo las aguas alrededor del buque Orion estaban completamente negras. Del barco salía un humo que se mezclaba con la nube que generaba la reacción del líquido con el mar. Para el máximo responsable de la seguridad del puerto, aquello suponía el peor error que alguien con su puesto podía hacer. Pero tras el miedo inicial Manuel volvió a caminar hacia el buque, hasta que alguien le agarró decididamente el brazo.<br />
   <br />
  —¡Manuel!<br />
   <br />
  Al darse la vuelta vio que quien le había retenido era Gabriela. Su compañera le miraba entre enfurecida y temerosa a través de los mechones ondulados que le cubrían parte del rostro. Tal vez se debía al shock, pero a Manuel le pareció que tenían el mismo color que ese líquido viscoso.<br />
   <br />
  —No hagas el imbécil, por favor te lo pido.<br />
   <br />
  —Gabriela, tengo que entrar.<br />
   <br />
  —¡¿Tú te estás escuchando?! —gritó mientras sus ojos se agrandaban tras escuchar sus intenciones— ¡Eres padre de familia, Manuel! No puedes dejar a los tuyos desatendidos tan fácilmente. ¿Has pensado en ellos? Tu mujer… no puedes dejarla sola con los chiquillos. ¿Es este el regalo de cumpleaños que les quieres dar? ¡¿Un padre muerto?!<br />
   <br />
  Manuel no respondió. Miró al buque, que seguía liberando líquido al mar, y luego volvió a mirar a Gabriela. Cuando lo hizo la mujer aflojó un poco su agarre, pues le vio con la mirada perdida.<br />
   <br />
  —Yo lo dejé pasar.<br />
   <br />
  —Manuel.<br />
   <br />
  —Yo di la autorización, Gabriela. Yo lo dejé pasar. Los dejé pasar —dijo mientras se soltaba de su agarre con una firmeza que le dejó bien claro que no debía intentar detenerle—. Ahora mismo hay trabajadores atrapados ahí dentro.<br />
   <br />
  —Pero no es tu culpa. ¡No sabías que esto podía pasar!<br />
   <br />
  Manuel sintió que esas palabras crearon en él el efecto contrario a la intención con la que fueron pronunciadas. Cierto, no sabía que eso podía pasar, pero había muchas cosas que podría haber hecho. Podría haber rechazado el sobre del alcalde, podría haberle negado el acceso al Orion en el último momento… Podría haber seguido su código de valores y las normas de su puesto de trabajo, pero decidió hacer la vista gorda ante una irregularidad y debía hacer frente al precio de su traición.<br />
   <br />
  —No sé si es mi culpa o no, pero es mi responsabilidad.<br />
   <br />
  —Pero tus hijos…<br />
   <br />
  Él cerró los ojos y los vio. Vio a ambos recibirle corriendo al volver a casa, como siempre hacían. Los vio preocupados, preguntando si estaba bien, que en el cole habían dicho que un barco había explotado y él trabajaba con barcos y no sabían si se había hecho pupa o no. Se los imaginaba viéndolo como el héroe que no era, como el salvador que no se sentía en ese momento. Siempre volvía a casa con historias que contar sobre mercancía de contrabando incautada, pokémon rescatados, malos enviados a la cárcel… porque ese era el trabajo de papá: proteger a la gente y a los pokémon del puerto. Entonces, ¿con qué cara iba a enfrentarlos después de esto? ¿Podría mirarles a los ojos sabiendo lo que había permitido que sucediera?<br />
   <br />
  —Pues por eso mismo, Gabi… Por ellos hago esto.<br />
   <br />
  —¡Manuel! ¡Espera!<br />
   <br />
  Sin pensárselo dos veces, Manuel dio media vuelta y entró en el buque. Lo único más inquietante que los cuerpos tendidos en el suelo eran los gritos de la tripulación que había quedado atrapada y no encontraba la manera de escapar de tanto humo. Manuel se tumbó y fue gateando entre los escombros hasta que vio toser a uno de los cuerpos inmóviles. A pesar de la poca visibilidad lo reconoció enseguida y por ello no dudó en acercarse.<br />
   <br />
  —¡Nico!<br />
   <br />
  —Ay… Qué dolor…<br />
   <br />
  —No te preocupes, amigo. Te sacaré ahora mismo de aquí.<br />
   <br />
  Con cuidado de no levantarse para no inhalar el humo tóxico, Manuel se echó a Nicolás al hombro y lo sacó gateando de allí. El operario volvió a toser cuando fue tendido en el suelo, lejos del buque, y cuando abrió los ojos estos estaban completamente rojos por el humo.<br />
   <br />
  —¿M… Manuel? ¿Eres tú? No veo… No veo casi nada.<br />
   <br />
  —Gracias al cielo. Quédate aquí. Ya estás a salvo.<br />
   <br />
  Y sin más que añadir Manuel se dio la vuelta y volvió a entrar al buque. Nicolás intentó decirle que era un suicidio, que parte del cargamento era altamente inflamable y los que estaban dentro ya tenían su destino sellado, que no fuera tan ingenuo como él había sido al pensar que podría salvar a alguien. Pero antes de que pudiera alzar el brazo y llamarle Manuel entró y, a los segundos, una ensordecedora explosión envolvió al buque en unas llamas que no tardaron en engullirlo por completo.<br />
  <hr /><br />
<div> <div class="pre-spoiler"> <input type="button" value="Ver" style="width:80px;font-size:10px;margin:0px;padding:0px;" onclick="var spoilerDiv = this.parentNode.parentNode.getElementsByClassName('spoiler')[0]; if (spoilerDiv.style.display === 'none') { spoilerDiv.style.display = ''; this.value = 'Ocultar'; } else { spoilerDiv.style.display = 'none'; this.value = 'Ver'; }"> </div> <div> <div class="spoiler" style="display: none;">El fanfic que estáis a punto de leer nace por culpa del K-pop otra vez. Tras escuchar la canción que pondré a continuación. Una cosa llevó a la otra y pasé de pensar &quot;oye, qué guay estaría crear un grupo de pandilleros como el Team Skull, pero especializados en tipo agua y competentes&quot; a &quot;¿y si escribo un fic de temática social?&quot;. El primer arco está prácticamente terminado y sé cómo quiero que avance la historia y termine. Espero que os resulte interesante.<br />
<br />
<a href="https://youtu.be/ovHoY8UBIu8?is=OLKjcUPATi0jHS_G" target="_blank">https://youtu.be/ovHoY8UBIu8?is=OLKjcUPATi0jHS_G</a></div> </div> </div><br />
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			<category domain="https://jardindeavalon.net/forum/zona-artística-aa/literatura">Biblioteca</category>
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			<title>OneshotLouder than bombs (TW: ideación suicida)</title>
			<link>https://jardindeavalon.net/forum/zona-artística-aa/literatura/704-louder-than-bombs-tw-ideación-suicida</link>
			<pubDate>Wed, 22 Jul 2026 22:28:54 GMT</pubDate>
			<description>El día estaba siendo tranquilo. Tal y como a ella le gustaba. Por eso, tal vez, aquella nimia perturbación le molestó más de lo que debería haberle...</description>
			<content:encoded><![CDATA[<div> <div class="pre-spoiler"> <input type="button" value="Ver" style="width:80px;font-size:10px;margin:0px;padding:0px;" onclick="var spoilerDiv = this.parentNode.parentNode.getElementsByClassName('spoiler')[0]; if (spoilerDiv.style.display === 'none') { spoilerDiv.style.display = ''; this.value = 'Ocultar'; } else { spoilerDiv.style.display = 'none'; this.value = 'Ver'; }"> </div> <div> <div class="spoiler" style="display: none;"><!-- BEGIN TEMPLATE: bbcode_video -->

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</div> </div> </div><br />
<br />
El día estaba siendo tranquilo. Tal y como a ella le gustaba. Por eso, tal vez, aquella nimia perturbación le molestó más de lo que debería haberle hecho.<br />
<br />
Pero Tapu Fini no era de las que se paraba a preguntarse cuánto deberían o no afectarle los sucesos. Los sentía y actuaba en consecuencia.<br />
<br />
Se acercó a la zona de la niebla donde percibía una presencia humana. Otra. Otra más en busca de poder, de milagros,de… La idea de tener que lidiar con los de esa especie le aborrecía tremendamente, pero más lo hacía notar a alguien en sus dominios.<br />
<br />
Cuando estuvo lo suficientemente cerca como para vislumbrar al intruso, le sorprendió enormemente verlo sentado.<br />
<br />
—¿Qué haces aquí?<br />
<br />
—Vengo a morir.<br />
<br />
—¿Cómo?<br />
<br />
—He escuchado que rara vez alguien consigue salir de la niebla —dijo mientras cerraba los ojos. La brisa removió sus cabello—. Así que pensé que era el sitio perfecto para venir a descansar.<br />
<br />
—Pero, ¿qué te has creído? Esto sí que no me lo esperaba. ¡Vienes a usar un lugar sagrado para cumplir tu deseo egoísta!<br />
<br />
—Puede.<br />
<br />
La humana no le rebatió. Eso le sorprendió todavía más.<br />
<br />
—Seguramente esto esté mal, pero ¿sabes? Mentiría si dijera que me importa. Solo quiero cerrar los ojos… y no volver a abrirlos nunca más. No creo que esté pidiendo mucho, ¿no?<br />
<br />
—Cómo osas…<br />
<br />
Tapu Fini no se había dado cuenta, pero había empezado a temblar de la rabia. Ver a una humana tan tranquila en sus dominios la sacaba de su quicio y lo peor era que no podía desquitarse con ella, porque era justo lo que buscaba. La humana no dijo nada más, así que la deidad abandonó el lugar, indignada, pero determinada a encontrar una solución como fuera.<br />
  <hr /><br />
El malestar no desapareció; se diluyó, como una gota de témpera negra en el océano. Aunque Tapu Fini seguía enfadada, ya no quería deshacerse de la humana. La encontró en el mismo sitio de la otra vez, tumbada y con los ojos cerrados. Seguía igual. Se preguntó si, tal vez, estaba durmiendo.<br />
<br />
—Oye, despierta.<br />
<br />
—No estaba durmiendo.<br />
<br />
—Lo parecía.<br />
<br />
No hubo respuesta.<br />
<br />
—¿Cuándo tienes pensado irte?<br />
<br />
—Te lo he dicho. No quiero irme. Quiero morirme.<br />
<br />
—Esa es una palabra muy fuerte.<br />
<br />
—No parecías pensar lo mismo las veces que le arrebataste la vida a los miles que han venido antes que yo.<br />
<br />
Tapu Fini no sabía si sentirse ofendida o no por tal comentario. Y lo peor era que la humana no parecía haberlo dicho con la intención de hacer daño. No, lo peor era que, por primera vez en mucho, tenía que pensar cómo se sentía respecto a algo.<br />
<br />
—Eso es distinto —dijo apresuradamente en un intento de defenderse.<br />
<br />
—¿En qué sentido?<br />
<br />
—Ellos merecían morir. Profanaron un lugar sagrado.<br />
<br />
—Yo también lo he hecho.<br />
<br />
—No con sus intenciones.<br />
<br />
Al fin, la humana abrió los ojos. Se sentó y miró a la deidad directamente a los ojos de una forma que hizo que la deidad temblara. No de miedo. Sino de la convicción que desprendía.<br />
<br />
—¿Y qué es lo que hace que una muerte esté más justificada que otra? ¿Por qué te pareció bien matar a quienes no querían perder la vida y te resistes a hacer lo mismo conmigo, que sí quiero?<br />
<br />
La respuesta era incómoda de aceptar, más aún de decir en voz alta. Porque me gusta llevar la contraria. Porque os odio y solo quiero haceros sufrir. Porque jugar con vuestras vidas es un capricho que me permito de vez en cuando. Esas eran las justificaciones que se había dado en su momento, pero ahora se obligaba a pensar detenidamente sobre el tema. Otra vez.<br />
<br />
—Supongo… que debe tener que ver con la intención.<br />
<br />
—¿Supones?<br />
<br />
—Ellos vinieron de malas formas a un lugar sagrado pidiendo poderes y riquezas para destruir poblaciones vecinas. Querían que pusiera mi bendición al servicio de sus egos así que terminaron pagando por su desfachatez. Yo no les maté directamente, la niebla vio la oscuridad de sus corazones y se encargó de que se encontraran con el final de su destino.<br />
<br />
—¿Y yo?<br />
<br />
—Tú… Me generas curiosidad. Tu alma está manchada, pero no detecto malas intenciones.<br />
<br />
La humana sonrió.<br />
<br />
—Así que solo me mantienes viva porque soy un problema que quieres resolver.<br />
<br />
—Claro. Aunque he de decir que tu presencia me incomoda profundamente.<br />
<br />
—Pues ya sabes lo que tienes que hacer.<br />
<br />
—¿Por qué?<br />
<br />
De nuevo, la humana se tumbó, y en el proceso perdió la sonrisa. Una mueca de dolor encogió su rostro.<br />
<br />
—Por mi culpa… murió alguien a quien quería mucho. Fue hace meses, hubo un accidente en una embarcación de recreo y…<br />
<br />
La humana dejó de hablar. Tapu Fini sintió la tristeza abrirse paso en su pecho como una gran ola. No eran sus emociones, claro. Eran las de la humana reverberando en su interior. Pero ella las sentía como si fueran suyas.<br />
<br />
—Mi brionne. Lali. Se aseguró de que aguantara a flote hasta que llegaran los equipos de rescate. Entonces una corriente se la llevó. Pensé que estaría bien porque es un pokémon de tipo agua y tiene sentido que sobreviva en el mar, ¿no? Pero entonces me llamaron a los días y… y…<br />
<br />
No pudo continuar, pero no hizo falta. Tapu Fini miró a otro lado mientras la humana lloraba desconsoladamente. Por un instante, efímero, sintió lástima por ella.<br />
  <hr /><br />
No se había acostumbrado a su presencia, porque definitivamente no era eso, pero ya no le molestaba. La humana solía pasar la mayor parte del tiempo durmiendo y Tapu Fini sentía cómo su energía vital se iba apagando con el paso del tiempo. En aquella especie de limbo no podía morir por falta de comida o agua, pero la niebla no permitía que nadie se quedara sin dar algo a cambio.<br />
<br />
Un día, Tapu Fini se sentó a su lado. Parecía que estaba dormida, pero la deidad ya sabía cuándo detectar que sí lo estaba o simplemente tenía los ojos cerrados.<br />
<br />
—¿Por qué dices que fue culpa tuya?<br />
<br />
La humana no respondió. Tapu Fini entendía que no quería hablar, pero ella prosiguió.<br />
<br />
—Es que no lo entiendo. Te culpas sin motivo. No la empujaste a la corriente. No creaste el accidente. No hiciste nada activamente que terminara como terminó. Entonces, ¿por qué eres tan dura contigo misma?<br />
<br />
—Realmente es cierto lo que dicen.<br />
<br />
—¿El qué?<br />
<br />
—Que hay cosas peores que la muerte. Como que una deidad milenaria te dé la lata.<br />
<br />
—Pero serás… Qué suerte tienes de querer morirte, porque sino ya estarías muerta.<br />
<br />
—¿Gracias?<br />
<br />
El silencio se instauró entre ellas de nuevo. Solo se apreciaba el lejano sonido de las olas. Entonces la humana se movió ligeramente, pero mantuvo los ojos cerrados.<br />
<br />
—Tienes razón. No hice nada que la empujara a su muerte.<br />
<br />
Su voz se volvió carente de emoción y eso hizo que la guardiana escuchara con más atención.<br />
<br />
—Pero también es cierto que no hice nada por evitarlo. Se resbaló de mi mano. La tendría que haber cogido con más fuerza. O haber intentado nadar en vez de ser un lastre. O haberme puesto a buscarla como una loca en el mar en vez de dejar a los profesionales hacer su trabajo.<br />
<br />
—Me parece que actuaste de forma muy lógica.<br />
<br />
—Me parece que por culpa de la lógica mi pokémon ya no está conmigo.<br />
<br />
De nuevo, silencio. Tapu Fini empezaba a creer que nunca entendería a la humana pero, sorprendentemente, en vez de frustración solo sentía una creciente curiosidad.<br />
<br />
—Eso no es todo lo malo, ¿sabes?<br />
<br />
—¿Mmm?<br />
<br />
—Que si solo fuera eso… Ja, solo, como si fuera algo pequeño… Que lo que lo ha hecho insoportable es que siento que nadie me entiende.<br />
<br />
La humana le dio la espalda y se llevó las rodillas al pecho.<br />
<br />
—Todos me han dado el pésame, pero también me dicen que debo ser fuerte. Que estoy dejando que una tontería me afecte. Que me haga con otro brionne… ¡Con otro! Como si los pokémon fueran… ¡Como si no fueran seres sintientes!<br />
<br />
La tristeza estaba dando paso a la ira, una ira que la deidad conocía muy bien, porque era la misma que llevaba siglos sintiendo por ver a la humanidad tratar con crueldad la flora y fauna con la que convive.<br />
<br />
—No tengo una buena relación con mis padres. No soy nadie especial. Me encontré a una popplio perdida y asustada en la playa hace ya diez años. Quiero pensar que la rescaté por altruismo, pero la verdad es que actué porque me recordaba a mí y quería sentirme útil por una vez. Le prometí que a partir de entonces estaría a salvo y me encargaría de cuidarla para siempre. Que creceríamos y viajaríamos por el mundo, que estaríamos siempre juntas y nunca volveríamos a sentir que algo estaba mal con nosotras.<br />
<br />
La voz se le iba apagando conforme hablaba. Y cuando por fin calló y la deidad pensó que no diría nada más, añadió:<br />
<br />
—Soy una mentirosa.<br />
  <hr /><br />
Tapu Fini no necesitaba dormir siempre, pero sentía que desde aquella conversación no podía relajarse en condiciones. Repetía las palabras en su mente una y otra vez, les daba la vuelta y trataba de integrarlas. Había llegado un punto en que la situación le intrigaba tanto que no se enfadaba por pensar en ella.<br />
<br />
Se reunió de nuevo con la humana. Cada vez respiraba más lentamente y su cuerpo no tenía la misma tensión del primer día. Algo se le revolvió al darse cuenta.<br />
<br />
—Te estás apagando.<br />
<br />
—Lo sé.<br />
<br />
Normalmente, cuando un humano se daba cuenta de que iba a morir allí, la arrogancia con la que había llegado se esfumaba. Se tiraba de rodillas, empezaba a llorar, pedía clemencia… pero ella no. Ella parecía más tranquila, relajada, como si finalmente estuviera llegando a donde quería estar.<br />
<br />
—Creo… que te entiendo un poco.<br />
<br />
La humana abrió los ojos y la miró. Hacía días que no lo hacía. La deidad no supo si era una buena o mala señal, pero no le importó, así que prosiguió.<br />
<br />
—Estaba tan enfadada y molesta al principio que no era capaz de comprenderlo. Sigo sin entender por qué quieres morir, pero… Yo también he visto perecer a pokémon, flores y árboles queridos de forma imprevista. He visto también la indiferencia humana y cómo, muchas veces, terminaban muriendo justo por esa indiferencia.<br />
<br />
Un escalofrío recorrió el cuerpo de la humana. La temperatura bajó un par de grados, aunque estaba tan pendiente de las palabras de la guardiana que no se dio cuenta de eso.<br />
<br />
—Los humanos son seres crueles y egoístas casi por naturaleza. Eso ya lo sabía, pero ahora veo que no son capaces ni de cuidar a los de su especie, y eso me enciende todavía más. Lali claramente no era un mero pokémon para ti. Se puede decir que era tu ancla, lo que le daba sentido a tu vida. Decir que deberías superar su muerte o buscar a otro brionne muestra la poca empatía y el completo desconocimiento del tema que tienen.<br />
<br />
Por primera vez en varios días, la humana sonrió. No era un gesto alegre, pero tampoco triste. Eran muchas emociones que estaba sintiendo a la vez y no sabía cómo expresar.<br />
<br />
—Gracias. Eres la primera que me entiende.<br />
<br />
—Pues tampoco es tan complicado. Qué lástima que no tengas a nadie fuera.<br />
<br />
La humana apoyó la cabeza en sus rodillas. Su mirada se perdió antes de que sus párpados volvieran a cerrarse por el cansancio. Si no salía pronto de la niebla, era cuestión de tiempo que terminara por encontrar el destino que tanto buscaba. Tapu Fini sintió entonces la urgencia de actuar.<br />
<br />
—Por cierto. Quería decirte que he llegado a una conclusión.<br />
<br />
—¿Mmm?<br />
<br />
—Voy a darte mi bendición.<br />
<br />
—¡¿Qué?!<br />
<br />
En otras circunstancias, a la deidad le habría encantado explayarse. Contar que estaba claro que era una humana de buen corazón, de esas que pensaba que no quedaban, y que su historia le había conmovido. Que sentía que no era justo que su alma tuviera que cargar con la culpa y pesadez de un acto que no cometió. Que entendía el dolor, de verdad que sí, pero que no por ello tenía que dejar de vivir. No por capricho suyo. Sino porque sentía que no era justo. Pero el tiempo apremiaba y no quería escuchar las excusas que sabía que le iba a dar, así que se dio prisa en actuar.<br />
<br />
Tapu Fini alzó las manos y la humana se vio envuelta en una luz morada. Tras unos segundos, cuando esta desapareció, la humana se quedó de pie. Ella se miró las manos, confundida, y luego miró a la deidad.<br />
<br />
—¿Cómo te sientes?<br />
<br />
No lo sabía. Tuvo que esperar un rato para acomodarse al cambio repentino.<br />
<br />
—... No me pesa el cuerpo. La niebla de mi mente se está desvaneciendo.<br />
<br />
—Bien. Entonces ha funcionado.<br />
<br />
Tapu Fini alzó la cabeza, orgullosa de sí misma. El alma de la humana ya no cargaba la culpa de antes y se había fortalecido; estaba claro que la había curado.<br />
<br />
—Con mi bendición deberías dejar de sentir cualquier mal. Espero que así puedas disfrutar del regalo de la vida.<br />
<br />
La deidad chasqueó los dedos y parte de la niebla desapareció. La humana miró el campo que se abría ante ella y luego miró de nuevo a la deidad. Entendió rápidamente lo que había pasado y lo que Tapu Fini esperaba de ella. Así que sonrió, hizo una leve reverencia y se fue por su propio pie sin decir nada.<br />
  <hr /><br />
Ocurrió a las pocas horas de su marcha. De madrugada.<br />
<br />
Empezó con algo simple. Un par de wingull revoloteando más agitados de lo normal. Luego un banco de wishiwashi adentrándose rápidamente al mar. El mar estaba inquieto. No mucho, pero sí lo suficiente como para hacer que Tapu Fini fuera a investigar.<br />
<br />
En un primer momento, no vio nada fuera de lo normal. El cielo estaba despejado, la luz de la luna bañaba la superficie del agua… y fue entonces cuando vio algo brillar. Se acercó a inspeccionarlo. Desearía no haberlo hecho.<br />
<br />
El brillo procedía de una botella, pero no fue eso lo que le horrorizó. La botella y una poké ball vacía estaban atadas al cuello de una humana que le resultaba muy familiar. Sus ojos estaban cerrados y no estaba dormida ni fingiendo estarlo. No, la humana que tantos días había compartido con ella estaba…<br />
<br />
…<br />
<br />
Sonriendo. Eso era lo que más le descolocaba. Que parecía que estaba donde quería estar, con el mar meciéndola como una madre consolando a su niña. Su expresión irradiaba una tranquilidad tan profunda que le hizo replantearse todo lo que sabía sobre los humanos hasta la fecha.<br />
<br />
Cuando la sorpresa inicial disminuyó, Tapu Fini se acercó con cuidado y reverencia a su cuerpo. Le quitó el tapón a la botella y sacó el trozo de papel que había dentro. Se trataba de una carta manuscrita. La leyó atentamente.<br />
<br />
…<br />
<br />
…<br />
<br />
…<br />
<br />
El rumor del mar no hizo nada por calmarla. Tapu Fini alzó la mirada hacia la lejana costa, hacia donde estaba la localidad de la humana.<br />
<br />
—Vosotros… Vosotros…<br />
<br />
La deidad desató la botella de la cuerda. Dejó que la humana, a quien echó un último vistazo, se quedara con la poké ball. Le dedicó una última bendición, una que sabía que no solucionaría nada, y se dirigió con presteza a la costa.<br />
<br />
—Vosotros… Sois capaces de dominarlo todo. Construís medios de transporte para desplazaros por tierra, mar y aire. Sois capaces de crear grandes civilizaciones a partir de escombros.<br />
<br />
Conforme se iba acercando, el mar se iba revolviendo. Un viento enfurecido empezó a seguirla y las nubes, que hasta entonces parecía que no había, se cernieron sobre la localidad.<br />
<br />
—Levantáis monumentos para honrar a vuestros héroes. Investigais los secretos de la naturaleza para mejorar vuestra calidad de vida. Sois una especie con una gran creatividad que os ha permitido avanzar como ninguna otra.<br />
<br />
Tapu Fini se detuvo justo antes de sobrevolar la arena de la playa. El viento se quedó quieto tras ella y, durante un segundo, se hizo un silencio absoluto.<br />
<br />
—¡¿Y sois incapaces de cuidar a los vuestros?! ¡SOIS ESCORIA!<br />
<br />
Su grito despertó la ira de la naturaleza. Olas enormes arremetieron contra el paseo marítimo; vientos huracanados se llevaron por delante coches, farolas y todo lo que estuviera a su paso; una lluvia incesante empezó a caer sobre las casas. Sintió que las mejillas se le humedecían y bien sabía que no era por la lluvia.<br />
<br />
La culpa, como siempre, era de ellos.<br />
<br />
Al principio se sintió bien. Sentía que estaba impartiendo justicia. Poniéndolos en su lugar. Pero entonces la botella se le resbaló de las manos y cayó. Apenas hizo ruido, pero fue suficiente para llamar su atención.<br />
<br />
Ahí estaban las letras de la humana. Su última carta. Aquella en la que había explicado lo que le pasaba.<br />
<br />
…<br />
<br />
Y Tapu Fini no se vio capaz de continuar con la tormenta.<br />
<br />
Alzó los brazos sin hacer ruido y el temporal se detuvo.<br />
<br />
El viento fue perdiendo fuerza hasta convertirse en una simple brisa. Las olas descendieron poco a poco, resignadas a volver al mar del que habían surgido. La lluvia continuó cayendo unos instantes más, cada vez más tenue, hasta desaparecer también.<br />
<br />
El silencio que quedó tras la tormenta le resultó insoportable. Contrastaba con el revuelo que había en su interior. Pero sabía que lo que estaba haciendo no servía de nada. Había querido castigar a los humanos por no haber cuidado a una de los suyos, pero arrasar aquella localidad no haría que la escucharan ahora.<br />
<br />
No llegó a tiempo. Esa era la realidad. Y debía aprender a vivir con ella.<br />
<br />
Tapu Fini cerró los ojos. De sus labios escapó una nota, tan baja que se confundió con el rumor de las olas. Luego otra. Y otra. Y sin darse cuenta, había empezado a entonar un canto lastimero que solo conocía el mar. Las olas empezaron a hacer el coro, los wingull se acercaron a la playa y los wishiwashi volvieron a su lugar de siempre. El viento calló respetuosamente. Y, por unos minutos, la naturaleza se unió en memoria de una brionne y una humana que se querían tanto que no concebían sus vidas la una sin la otra.<br />
<br />
Y es que destruir una ciudad en un ataque de ira no solucionaría nada. Sin embargo, si el mar conservaba aquella canción, tal vez el mundo no olvidaría nunca que hubo una humana cuyo mayor deseo no era morir, sino ser comprendida.<br />
  <hr /><br />
<i>A quien encuentre esta carta:<br />
<br />
No sé si habrá alguien a quien le interese, pero me siento en la obligación de dejar por escrito lo que va a pasar para que nadie caiga en la tentación de rellenar los huecos de mi historia con su ávida imaginación. Aunque, sinceramente, llegada a este punto poco me importa.<br />
<br />
Todos sabéis lo que sucedió hace meses con Lali, así que no lo repetiré. Han sido unos meses muy duros, llenos de soledad y de culpa. Solo quería dormir y no despertar, o despertar porque alguien me decía que estaba viva, aunque encontraron su cuerpo y sé, me lo habéis repetido muchas veces, que no va a volver.<br />
<br />
Llevo tiempo pensando qué hacer con este dolor que me supera. No le deseo ni a quien peor me cae que de un día para otro, la razón por la que te levantas de la cama desaparece frente a ti y no hay forma de recuperarla. He intentado seguir con mi rutina, he intentado ser fuerte por ella… pero es una situación que me ha desbordado por completo.<br />
<br />
No quiero que nadie se sienta culpable de mi suicidio. Es una decisión que he meditado durante mucho tiempo y la voy a tomar de forma consciente. Puede que haya otras formas de escapar de estas emociones tan desagradables que me aprisionan como telarañas, pero es la única solución que veo. Todo el mundo sigue adelante y yo me he quedado sola y estancada. Por más vueltas que le dé, no veo otra salida.<br />
<br />
A mí la ayuda me llegó tarde. Tapu Fini, te estoy inmensamente agradecida por lo que hiciste por mí y tomarte el tiempo de escucharme. Sentir que me comprendían por primera vez fue muchísimo más sanador que recibir tu bendición. Pero ya tenía la decisión tomada. Estaba en el punto de no retorno mucho antes de entrar en la niebla. Así que, por favor, no te culpes. De verdad. Quédate con que hiciste que mis últimas horas fueran las menos angustiosas que he tenido desde que perdí a Lali.<br />
<br />
Hay otra razón por la que escribo esto y es que no quiero que nadie se lamente por mi ausencia, si es que habrá alguien que lo haga. En lugar de eso, prestad atención a la gente de vuestro entorno. Aseguraros de que están bien. No minimicéis nunca su dolor. Escuchad, de verdad, escuchad. Escuchad y esforzaros por comprender qué pasa en la cabeza y en el corazón del otro. Que esto sirva como una especie de aviso. No quiero decir que todos los que se sienten mal se vayan a quitar la vida. Simplemente, que nunca está de más ser humano y estar realmente ahí para los demás.<br />
<br />
Mi querida Lali, mis últimas palabras van para ti. No sé cómo funciona esto. No sé si nos volveremos a ver o quedaremos las dos sumidas en un sueño eterno. Pero ya sé que no tengo que hacer frente a tu ausencia y esa idea es lo único que me alivia ahora mismo. Espero que, estés donde estés, seas el pokémon risueño y resiliente en el que te terminaste convirtiendo. Te lo dije muchas veces, pero no las suficientes. Te quiero y estoy muy orgullosa de ti.<br />
<br />
Del mar viniste y al mar voy. Deseo que, de alguna forma, nuestros caminos se vuelvan a cruzar.<br />
<br />
Con cariño.</i>  <hr /><div> <div class="pre-spoiler"> <input type="button" value="Ver" style="width:80px;font-size:10px;margin:0px;padding:0px;" onclick="var spoilerDiv = this.parentNode.parentNode.getElementsByClassName('spoiler')[0]; if (spoilerDiv.style.display === 'none') { spoilerDiv.style.display = ''; this.value = 'Ocultar'; } else { spoilerDiv.style.display = 'none'; this.value = 'Ver'; }"> </div> <div> <div class="spoiler" style="display: none;"><br />
No iba a hacer ninguna nota de autora porque no quiero que nada de lo que diga influya en cómo interpretáis la historia. Sin embargo, dada la delicadeza del tema que trata, creo que es conveniente.<br />
<br />
Este no es un relato que idealice el suicidio. Trata de acercarse a él y mostrarlo como la realidad compleja y multicausal que es. No es una enfermedad en sí misma ni un simple problema de ánimo; es una respuesta desadaptativa que algunas personas llegan a ver como la única salida posible ante un sufrimiento que las desborda por múltiples razones.<br />
<br />
Con frecuencia, las personas con ideación suicida no desean la muerte en sí, sino dejar de sufrir. Que una persona termine suicidándose no significa que haya sido débil o que haya elegido &quot;el camino fácil&quot;. Del mismo modo, algunas personas pueden parecer más tranquilas en los días previos al suicidio. Esa aparente calma no siempre significa que estén mejor; en ocasiones refleja que han asumido una decisión que sienten coherente con el objetivo de poner fin a su sufrimiento.<br />
<br />
Confío en que la historia deja claro que no pretende idealizar el suicidio. Aun así, sé que este tipo de relatos puede resultar especialmente intenso para algunas personas. Por eso incluye un aviso de contenido al principio.<br />
<br />
Si este texto ha removido algo en ti o sientes que llevas tiempo conviviendo con pensamientos suicidas, por favor, busca acompañamiento. Hablar con alguien de confianza o con un profesional puede marcar una gran diferencia.<br />
<br />
No estás sol@. Te envío un abrazo.<br />
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			<dc:creator>Sakura</dc:creator>
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