Minna no Tabi: Through Thorns

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  • Souji Fujimura
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    #16
    Capítulo 14

    Habían pasado ya tres años desde el arresto y posterior condena a prisión de por vida de Gouzaburou. Aunque Sakaki había temido que aquello pudiese afectar sus operaciones, Umbra lo convenció de que la evidencia disponible sólo indicaba un contacto ocasional con el equipo Rocket.

    Aquella situación también había reafirmado su posición como el comandante más temido de la organización, tanto por su eficacia como por su falta de piedad. Dentro de su división, Aki y Takaya se habían convertido en capitanes de sus respectivos equipos, y este último en particular se había granjeado la reputación de tener la sangre más fría que un Pokémon de hielo.

    —¿Así que tú eres el dichoso capitán Obsidian? Bah, no pareces la gran cosa —se burló el capitán más nuevo bajo el mando de Umbra.

    Takaya le dedicó una mirada severa antes de marcharse junto a Houndoom, quien no le quitó la vista de encima al gorila que había intentado amedrentar a su humano.

    —¡Esto no se va a quedar así! ¿Me oyes, alfeñique? —continuó con su bravata, sin obtener respuesta alguna.

    Quienes observaban empezaron a reírse de él, tildándolo de cobarde y charlatán. Herido en su orgullo, no se lo pensó dos veces y liberó a su Golem.

    —¡Cárgate a ese cabrón con Doble Filo! —ordenó furiosamente al señalar a Takaya.

    Su Pokémon no dudó en rodar amenazantemente hacia él… sólo para encontrarse de lleno con la Cola Férrea de Houndoom.

    —Retira a tu Pokémon —advirtió Obsidian al girarse apenas.

    Pero el imbécil ordenó a su Pokémon continuar. Houndoom respondió lanzándolo a un lado con un segundo coletazo que cercenó el brazo izquierdo de Golem, antes de abalanzarse sobre el gorila para reducirlo.

    —¡No, por favor, no! —rogó al ver aparecer flamas entre las fauces del sabueso.

    Houndoom hizo oídos sordos a sus sollozos mientras mordía su antebrazo. No iba a inutilizarlo, pero sí a dejarle un recuerdo permanente de que se había metido con quien más le importaba. Obsidian observó la escena de reojo antes de marcharse en silencio, seguido por su fiel Pokémon. Apretó los puños, sabiendo que había condenado a Golem a ser descartado y a su amo a una degradación inmediata.


    —¿Sabes? Antes de ponerme el uniforme, nunca había imaginado lo fácil que era lastimar así a alguien, o peor —admitió Takaya ante Aki, mientras ambos compartían el lecho.

    Aki le dirigió una mirada seria pero comprensiva. Lo entendía demasiado bien, aun si nunca se hubiese manchado directamente las manos con la sangre de nadie. Gouzaburou Narumiya podía dar fe de ello.

    —Muchas veces temo haber cruzado una línea que me convierta en un monstruo como Umbra —continuó sincerándose, prefiriendo obviar a quien Aki ya no consideraba como su padre.

    El agarre de ella sobre su piel desnuda se hizo más fuerte. Sabía muy bien cuánto estaba sufriendo Takaya: lo había visto vomitar en el baño antes de entregarse a la intimidad con ella. Aquellos sentimientos de culpa volvían a acecharla.

    —¿Te arrepientes del camino que hemos tomado? —preguntó al tomarlo del rostro con delicadeza, intentando recordar aquellas sonrisas tan hermosas que hacía tanto no veía.

    Takaya no respondió de inmediato, pero tampoco apartó la mirada. Aki agradeció aquello; no quería una respuesta inmediata ni tranquilizadora, sólo la verdad.

    —Hay muchas cosas de las que me arrepiento o que creo que podría haber hecho mejor, pero permanecer a tu lado no es una de ellas —respondió Takaya al esbozar una sonrisa sincera, por más que fuese una versión más apagada que las de antaño.

    Aki suavizó su expresión por apenas un momento, algo que sólo Takaya conocía. Luego recobró su seriedad.

    —Ambos hemos hecho cosas horribles, Takaya. Pero no hemos destruido a quienes nos amaban por nuestro propio beneficio, ni nos recreamos en una crueldad enfermiza —dijo con severidad.

    Takaya iba a replicar, pero Aki le puso el índice en los labios.

    —No somos perfectos, pero creo que tenemos el valor para decirnos el uno al otro si hemos llegado demasiado lejos —continuó, procurando sonar altiva y segura, como en público, pero era evidente que todo aquello también la superaba más veces de las que dejaba entrever.

    «Yo también quiero salir de este infierno», fue lo que entendió Takaya al ver sus ojos humedecidos. Sin pensarlo mucho más, la besó antes de que ambos se volviesen a dejar llevar por la pasión que compartían. Aquel ya no era momento para hundirse en reflexiones.

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      #17
      Capítulo 15

      Tras aquella conversación, Aki había decidido que ya no podían esperar más.

      Junto a Takaya, necesitó unos días para organizar todo lo que necesitaban antes de presentarse en la oficina de Sakaki. Éste les permitió exponer su propuesta antes de revisar minuciosamente el reporte que habían elaborado.

      —Obsidian. Ruby. —Ambos procuraron disimular lo mejor posible la tensión que les produjo ser llamados por sus alias—. ¿Cuál es el verdadero motivo por el que quieren formar una nueva división? —preguntó con seriedad.

      Sabía que ambos habían sido reclutas y capitanes modelo, quizá demasiado. Aquello le hacía sospechar de lo que no estaban mostrando aún.

      —Señor, si me permite hablar libremente —dijo Takaya, esperando que su superior se pronunciase.

      Éste le invitó a continuar con un leve asentimiento.

      —Nuestra forma de trabajar lleva meses chocando con la del comandante Umbra, y esto ya está causando altercados entre los reclutas de la división —explicó con tono neutral, sin culpar a nadie directamente, por más que todos los presentes supiesen quién era el responsable.

      Sakaki volvió a examinar los documentos que tenía delante. Si bien la división de Umbra había seguido teniendo los mejores resultados, su ritmo de crecimiento global había disminuido en comparación con el de las otras. Las excepciones eran los equipos de Obsidian y Ruby, cuyos logros cuantificables no sólo superaban ampliamente la media de su división, sino también la global.

      Sin embargo, lo que más había impresionado a Sakaki era que esos dos hubiesen venido a hablar directamente con él, incluso sabiendo que Umbra era su más probable sucesor.

      —Tienen mi aprobación —declaró con su semblante usual al sellar el documento—. Contacten a todos los reclutas interesados en trasladarse a su división a partir de mañana. Espero resultados todavía mejores de los que han mostrado hasta ahora —añadió, dándoles a entender que la reunión había terminado.

      Una vez solo, Sakaki abrió un cajón secreto de su escritorio y se dio tiempo para contemplar la fotografía enmarcada que conservaba ahí. En ella estaba acompañado por una mujer y un bebé pelirrojos, aunque este último había heredado sus ojos. Quiso pronunciar sus nombres una vez más, pero se detuvo. Aquel momento de debilidad se había prolongado demasiado.

      Guardó la fotografía en el acto, cuestionándose de nuevo si se había equivocado al acoger a Umbra y Yasira como forma de llenar el vacío dejado por las muertes de su esposa e hijo.

      Reconoció para sí mismo que había pasado demasiado tiempo desde la última vez que había disciplinado a su protegido, quizá porque él sí se había mostrado dispuesto a heredar la carga que suponía dirigir al equipo Rocket.

      Sakaki esperó que lo ocurrido sirviese a Umbra como una lección valiosa. De lo contrario, sería una clara indicación de que necesitaba encontrar un sucesor más adecuado.

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        #18
        Capítulo 16

        Habían pasado ya unos meses desde el establecimiento de la división liderada por Obsidian, con Ruby como su segunda al mando. Al menos, aquello era lo que habían dejado ver a los demás. Y, por supuesto, la noticia le había sentado a Umbra como una patada.

        Desde entonces, la animadversión entre ambas divisiones era palpable. Despojado de su poder para decidir sobre ellos, Umbra intentaba provocarlos de cualquier forma, pero sólo recibía la indiferencia de Obsidian. Sus respectivos subordinados eran menos discretos en sus enfrentamientos verbales, pero tenían terminantemente prohibido recurrir a la violencia. Unos porque temían el castigo de Umbra en caso de perder; los otros, porque temían ver sus pagas recortadas por quien firmaba sus cheques: Ruby.

        Pero cualquier habladuría sobre ellos acabó el día de la reunión de comandantes, cuando se anunció la creación de una subdivisión especial dentro de la de Umbra, con Yasira al mando. Los métodos propuestos para lograr su cometido hicieron que incluso los menos desvergonzados se preguntasen abiertamente si Yasira misma había usado aquellas técnicas de seducción para convencer a Sakaki.

        Al día siguiente, Obsidian se encontraba organizando documentos importantes cuando su oído y olfato le advirtieron, muy tarde, que su paz estaba a punto de acabar.

        —Pero si es el nuevo comandante más exitoso del equipo Rocket —dijo Yasira con tono meloso al acercarse demasiado, dedicándole una mirada coqueta pero astuta.
        —¿En qué puedo ayudarle, comandante adjunta Yasira? —Obsidian apenas levantó la mirada, brindándole el mínimo respeto que se merecía alguien de su rango.
        —Oh, vamos Obsi, deberías soltarte un poco —canturreó mientras se pegaba a él, asegurándose de restregar sus generosos senos contra su brazo.
        —Si esto es lo mejor que el escuadrón de sirenas puede hacer, dudo que vayan a ser útiles para el equipo —respondió, impávido.

        Yasira lo miró ofendida, para luego separarse de él sin ninguna delicadeza.

        —No tienes ni idea de cómo te podría doblegar, pero no es algo que pueda hacer con tu querida benefactora delante —replicó sarcásticamente al señalar hacia la entrada.

        La mirada de odio que Aki le dirigió podría haber detenido la estampida de una manada de Tauros.

        —¿Preocupada de que pueda robártelo? —preguntó pícaramente Yasira mientras caminaba hacia la recién llegada.

        Para su sorpresa, Ruby se rió en su cara.

        —Lo único que me preocupa es cómo va a quedar tu cara si vuelves a faltarle el respeto al comandante Obsidian —respondió con una mirada más fría que el aliento de una Froslass.

        Yasira no pudo evitar dar un paso atrás.

        —Si sólo has venido a hacernos perder el tiempo, te pediré que te largues, salvo que estés reconsiderando mi ofrecimiento previo —añadió al dejar los documentos que llevaba sobre una mesa y acercarse amenazantemente.

        Yasira tragó saliva. Comenzaba a entender mejor por qué esos dos preocupaban e irritaban en la misma medida a su hermano, sobre todo tras la jugarreta que le habían hecho para fundar su propia división.

        —Sólo venía a ofrecer los servicios de mi división, por si tenían alguna misión que necesite especialistas como nosotras —explicó con cautela; temía haber enfadado a la gente equivocada.
        —Gracias, pero diría que nuestro trabajo actual no requiere de tales métodos —respondió Obsidian, para luego dirigir la mirada hacia Ruby, quien negó enfáticamente.

        Yasira suspiró derrotada antes de marcharse con un saludo claramente ensayado; aquello había ido peor de lo esperado.

        Ya tenía suficiente con tener que hilar fino cerca de su hermano. Conocía de sobra sus ambiciones, por lo que había elegido alejarse discretamente de él con una petición astuta en el mejor momento posible. Sin embargo, temía las represalias en caso de que Umbra siquiera sospechase de sus intenciones, sobre todo si conseguía situarse en la cima de la organización. Así que tendría que intentar de nuevo congraciarse con esos dos para asegurar su propia supervivencia, como siempre había hecho.

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          #19
          Capítulo 17

          Decir que no estaba nervioso habría sido mentir. Quizá porque las situaciones más alejadas de la tensión de una operación de campo eran precisamente aquellas en las que resultaba más fácil dejar caer la máscara. Takaya se ajustó el uniforme de comandante que portaba con una dignidad impropia de su organización antes de empezar las entrevistas de los nuevos reclutas de su división.

          Aunque todo aquello era un mero trámite, a Takaya le gustaba saber de antemano con quiénes iba a trabajar en medio de la red de intrigas que era el equipo Rocket. Y, mucho más importante, en quiénes podría intentar confiar.

          Jade no era una de ellos.

          Tosca de apariencia y actitud, su fama como motera buscapleitos la precedía. Pero su antigua pandilla había cometido la estupidez de provocar al equipo Rocket. Ella fue la única superviviente.

          —Entonces, ¿qué te trae a nuestra división? —preguntó, al menos complacido de que ya hubiese escogido un alias antes de la entrevista.
          —Pagar lo que le debo al cretino que me trajo aquí. Luego, ya veremos —contestó con claro desdén por aquel hombre, por más que intentase no parecer demasiado irrespetuosa con su superior.

          Obsidian conocía al responsable de aquello: un capitán veterano en la división de Umbra. Sabía que Jade había prometido una cantidad importante de dinero a cambio de su propia vida, pero su expresión parecía indicar que tenía planeado también pagar una clase particular de intereses.

          —Comparto tu entusiasmo por dejar las cuentas saldadas —comentó Obsidian, con la máscara ya puesta.

          Jade rió; aquella actitud le agradaba.

          —¿Qué crees que puedes aportar al equipo? —preguntó a continuación, queriendo que hablase más de ella.
          —Las motos son mi especialidad, pero puedo conducir cualquier cosa con ruedas; así que si necesita un escape rápido, puede contar conmigo —respondió como quien fanfarronea en un bar con los amigos.

          Obsidian asintió, complacido. No sólo porque fuese un diamante en bruto, sino porque temía lo que podría ser capaz de hacer en una división más inescrupulosa.

          —¿Hay alguna cosa que quieras saber antes de concluir la entrevista? —preguntó Obsidian, con la intención de parecer un jefe accesible.
          —Sí, señor. ¿Cuándo cobramos?
          —Eso tendrás que discutirlo con la subcomandante Ruby. Es ella quien lleva las cuentas —respondió, lamentando tirarle la pelota a Aki.

          Desafortunadamente para Jade, Ruby manejaba las cuentas con puño de hierro.

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